¿Sabes comprar con criterio? ¿O te dejas engañar por la publicidad?

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Reinado omision tecnologia

Cuando compras un smartphone, una televisión, una tablet, o cualquier producto de tecnología en general, ¿compras lo que quieres o realmente estás buscando? ¿O compras lo que las campañas de marketing de los gigantes tecnológicos quieren que les compres? Estas preguntas vienen muy a cuento, ya que en muchos casos, ya sea por desconocimiento o por vagueza, el consumidor medio no se para a reflexionar y tomar una decisión fundamentada por aquello por lo que va a pagar.

Cuando esto no sucede, por lo general hay dos variantes: están los que no se interesan porque sus requisitos son muy bajos y casi cualquier cosa les vale; o los que van de cabeza a por lo que el departamento de ventas de la marca rey en su país o en el sector les ha dicho y se supone que es lo mejor, aunque seguramente le venga grande –quiero decir, que no aprovechará el potencial total del aparato–. No sé cuál de los dos casos me da más pena, así como no sé a ciencia cierta cuál de las dos sale más caro.

No, si para lo que lo voy a usar…

El primer caso me transmite una especie de ternura o pena hacia la persona en cuestión. Suelen ser personas que tienen una edad avanzada –aunque no todas las personas de esa edad entran en este grupo–, porque desde cierta edad para abajo cualquiera tenemos un mínimo de interés por la tecnología, dado que nos hemos criado casi desde pequeños con ella, a nivel más o menos avanzado, eso sí, pero al fin y a cabo la hemos tenido presente toda nuestra vida.

En la situación de estas personas, en muchos casos se dejan engatusar por la dependienta de turno de la operadora, de turno también, que a lo mejor les calva algún Samsung de estos de gama media –que todos sabemos como van– por los que te está cobrando unos 80 euros de entrada y te lo enlaza con alguna tarifa de 15 euros al mes más 7 u 8 de teléfono aparte, con permanencias de dos años más propias de una penitenciaria que de una operadora móvil. Tras oír estas cifras, la víctima en cuestión pregunta: ¿Pero tiene Whatsapp? ¿Y cuántos megapíxeles?. Si las respuestas a estas preguntas encajan con lo que el cuñado le ha dicho que está bien, estará encantado

Acabo de poner el ejemplo con los móviles, pero es válido para cualquier cosa: llego a la tienda en cuestión, voy a la zona de televisiones, me quedo mirando, y en seguida se me planta al lado el señor en traje para recitarme de memoria las características de la televisión que tengo delante. Eso está muy bien, pero no me vendas el 4K como la octava maravilla del mundo cuando muy pocos medios emiten a esa resolución, obligando a hacer escalados que no siempre dan los mejores resultados… Y el caso es que yo solo venía a por una tele, pero eso de Smart TV suena tan bonito que…aunque no sé muy bien lo que es, voy a pagar 700 euros por él y por el 4K en vez de 500 que se ajuste mejor a mis necesidades. Una pena, de verdad.

Tecnologia en mayores

Y mira, tiene esto, esto, lo otro…

Este es el segundo caso, todos sabemos de cuál hablo, ¿verdad? Es ese conocido que, al igual que el vendedor anterior, te recita de corrido las características de su móvil, o tablet, o televisor nuevo cuando te coge por banda. “Tiene hasta, –y esto es verídico–, entrada RJ-45”. Ya… Esta es la otra cara de la moneda. Son los consumidores que van a la tienda y escogen el mejor producto del catálogo de lo que estén buscando comprarse, solo porque la marca de turno tiene un cartel publicitario que ocupa una fachada en la avenida principal de su ciudad, o porque les bombardean a información con determinado producto.

Esa es otra, la información. ¿Qué creéis que va a ver una persona que use las redes sociales principales? ¿Promociones de marcas chinas? Creo que no… los medios de información también tienen culpa de ésto, pero yo entiendo que como medio te interese más lo que paga Samsung o Apple, pero eso no quita que sea injusto, pero oye, así son los negocios, un lobo, aquí no valen llantos.

En el caso de este tipo de consumidor siento una mezcla entre envidia y rabia. Envidia por no tener que echar horas comparando productos y precios, como es el caso de un servidor, aunque también he de reconocer que es como una droga para mí, disfruto haciéndolo. La rabia viene por mi parte de friki de la tecnología –aunque ahora se nos llame geeks que suena más bonito–. Es rabia de saber que de los millones de productos buque insignia que venden las grandes marcas, un porcentaje muy alto de esos millones de ventas no va a ser utilizado por encima del 50% o el 60% de sus capacidades. Eso como geek hace que me hierva la sangre, he de reconocerlo.


Terminando un poco con esta verborrea gratuita, si has llegado hasta aquí, en primer lugar te agradezco que hayas seguido leyendo más allá del primer párrafo. En segundo lugar, te invito a que, si te animas a comentar algo respecto al tema, te pases por nuestro foro, que puede que te apetezca si estás leyendo estas líneas –además hay otros temas bastante calientes en los que puedes participar–.

Archivado en Portátiles, Smart TV, Smartphones, Smartwatches, Tablets
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