Una de vaqueros: ¿Deadwood o Infierno sobre ruedas?

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Dos series del oeste, dos westerns del siglo XXI que nos devuelven la ley del talión. Un duelo de sucios titanes. Un puñado de dólares paga un fotograma de cada capítulo, los tiempos cambian, viejo Clint. Antena 3 ha aprovechado el calor del verano para incluir en su parrilla, “Infierno sobre ruedas”. Esperemos que no se queme y que sigan rodando. Las comparaciones siempre son odiosas para una de las partes, y esta vez habrá tiros. Mi Winchester 73 echa humo. Soy un diablo que jamás probará la zarzaparrilla.

Antena 3

Antena 3 sigue buscando series que enganchen a la audiencia, y ha visitado la farmacia de guardia en busca de otro medicamento. Infierno sobre ruedas. Se me abrió el cielo, es una serie que llevaba meses esperando con la escopeta cargada. Mi padre tiene la insana costumbre de ver una película de vaqueros al día y quería recomendarle esta. Yo nunca me he puesto un sombrero de cowboy, me quedan fatal, y el señor Colt se habría muerto de hambre a mi costa, pero reconozco que alguna vez he soñado que montaba a caballo por Monument Valley, sintiendo el peso de un revólver del calibre 45 en mi cintura. Odio los cáctus y las diligencias, y sólo obedezco a Toro Sentado. Y a mi padre, cuando está de pie.

¿De qué va “Infierno sobre ruedas”?

Ambientada al finalizar la Guerra de Secesión norteamericana, en 1865, cuando Lincoln ya criaba malvas, narra la historia de Curren Bohannon, un granjero del sur (también soldado confederado), que busca vengar la muerte de su esposa. Las guerras son la excusa perfecta para los criminales, y el ejército yankee no fue una excepción. Una muerte sin sentido, una víctima equivocada. Imperdonable. El rencor es el mejor carbón para alimentar el negro tren de la venganza.

La construcción del ferrocarril será nuestro hilo conductor. O eso parece. Y a su alrededor, como patitos que persiguen a su mami, descubriremos otras subtramas. Ya lo dice el tráiler, una mujer que busca justicia, un pueblo amenazado que defiende su tierra, un visionario y un hombre que cambiará la historia del país. Casi nada, ¿verdad?

Serie del oeste Antena 3

¿De qué iba “Deadwood”?

”Deadwood” era una ciudad sin ley, un poblado o un pozo, donde hincaban la rodilla en el barro todos los fugitivos pateados por la civilización. Buscaban oro y un futuro, y como lo de ser monjes ni se les pasaba por la cabeza, saboreaban las tentaciones en público. Las cartas, el alcohol y las mujeres. La perdición.

Esperaban sin saberlo, que una bala con su nombre grabado a fuego, atravesara sus aceitosas cabelleras. La cruda realidad. Entierra los tópicos del género que engrandeció el tuerto de John Ford, y mandemos al carajo la vida en rosa que nos contaron, la conquista del oeste es como una jauría de perros desgarrando un trozo de carne. Eso es lo que nos enseña esta serie. La vida en ese salvaje territorio, en una localidad de Dakota del Sur llamada Deadwood, todavía en tratos para formar parte de los Estados Unidos, y que aún pertenecía a los sioux. Deadwood no es una serie apta para estómagos delicados.

Serie del oeste

Si queremos comparar estas dos series, debemos echar el freno en cinco estaciones de tren. ¡Más madera!

El bueno

Dos tipos duros con principios inquebrantables, de raíces profundas, que sobreviven dando bandazos. Seth Bullock y Curren Bohannon. Nunca planearon estar donde están, y sin embargo, se hacen cargo. No se engañan. Esto es lo que hay, y esto es lo que voy a hacer. Sus decisiones son consecuentes. No son unos simples pistoleros, son personas despiertas, con la mente despejada la mayor parte del tiempo. Ahi está su mejor arma. No están solos ante el peligro, el flechazo de la amistad agujerea su destino. Un destino que dejará atrás el inevitable río rojo.

El feo (el realismo)

La higiene y la seguridad social eran utopías propias de los más descerebrados. Los cerdos y las putas convivían junto al médico y el sheriff. El barro y las cloacas eran la alfombra roja que daba al “Saloon”. Los colonos tenían unas precarias condiciones de vida, y la estrella de sheriff no significaba demasiado. La civilización era un horizonte lejano. Ambas series se esfuerzan por conseguir este realismo sucio, pero “Infierno sobre ruedas” huele a maquillaje.

El malo

El malo, el antagonista, suele ser el papel más apetecible. Quién no se acuerda de J.R., Gárgamel o Joker, por poner sólo tres ejemplos, aunque al citar estos tres y no otros, mi cultura roce el ridículo. Tanto en una serie como en la otra, se cumple la regla. En “Infierno sobre ruedas”, Thomas “Doc” Durant, es un visionario parlanchín que ha encontrado su pozo del petróleo en el negocio del ferrocarril. El gobierno paga por kilómetro construido. ¿Qué quiere esto decir? Muy fácil. Que nadie espere ver grandes rectas en las llanuras del oeste. Creo que hubo más de un “Doc” Durant en nuestro país…

Al Swarengen

Mientras, Al Suarengen pasa un trapo distraído, limpiando la barra del “”Saloon”. Una mirada a una prostituta que estaba al fondo, basta para hacerla llorar. Son las 9 de la mañana, el momento perfecto para refrescar el gaznate con otro trago de whisky. Al gobierna la ciudad a su manera. Un personaje shakesperiano. Maquiavélico y complejo. Pero ante todo, atractivo, muy atractivo. Ian McShane borda el papel y podrías pasarte horas y horas viéndolo en pantalla. Es un vaquero que siempre cabalgará a lomos de un caballo llamado Inmortalidad.

¿Conseguirá Thomas “Doc” Durant hacernos olvidar a Al Swarengen? ¿Logrará Colm Meaney atraparnos en cada escena como Ian McShane?

La dirección – El guion – La producción

Nos encontramos ante dos superproducciones. Dinero bien gastado, que se refleja en la pantalla en los detalles más pequeños, aunque apostaría el cuello de algún amigo, a que la serie de AMC supera en el apartado presupuestario a la de HBO.

El gran error de los productores de Deadwood fue dejar de emitirla. Aún no habían calibrado su verdadera dimensión, no eran conscientes de lo que se traían entre manos, que trabajaban con una serie de culto. Y esto es imperdonable. “Infierno sobre ruedas” se equivocó en dos aspectos fundamentales. En la elección del director y en el montaje. David Von Ancken no está a la altura en estos primeros episodios que hemos visto, su dirección es muy irregular, muy poco consistente. Y el montaje es confuso y chocante en ocasiones.

La serie dirigida por David Milch es más lenta. Aparentemente. Los diálogos eran una de sus señas de identidad. Vivos y punzantes. Algunos, inolvidables. En Deadwood encontrábamos unos personajes secundarios que te dejaban con la boca abierta, profundos y cautivadores. Auténticos. Veremos si los de AMC conquistan nuestros corazones o bailan con lobos, si están dispuestos a batirse en un duelo al sol, o prefieren morir en la horca.

HBO contra AMC

No es momento de poner en una balanza sus mejores productos, solo de dar las gracias a estas dos cadenas por hacernos disfrutar tanto. Como ya escribí en un antiguo artículo, y no me cansaré de repetirlo, el talento de Hollywood se ha mudado del cine a la televisión. Y estas dos cadenas son las máximas responsables, las grandes culpables.

El teatro era un género menor de la literatura en tiempos de Shakespeare, y pese a todo, sus obras son eternas. Estoy convencido de que ocurrirá lo mismo con las series de televisión. Actualmente son un género menor, o muchos así lo entienden, pero llegará el día, en que se nos caiga la venda de los ojos, y los prejuicios se echen a un lado. Escucho tambores lejanos.

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