E-books, papeles amarillentos y libros del precio de un Volkswagen

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En la actualidad conviven los libros tradicionales con los más modernos dispositivos de lectura digital, decantarse por uno u otro es más una cuestión de sensaciones y costumbres que de racionalidad.

Hacia finales de 2006 leí un monográfico en El País donde se alababan las virtudes del libro electrónico y la revolución que el iLiad (fabricado por iRex) supondría en la forma que teníamos de consumir literatura.

Tuvieron que pasar casi dos años hasta que pude tener uno de esos dispositivos en mis manos y he de reconocer que la primera impresión fue extraña a la par que altamente satisfactoria: me parecía tener en mis manos un aparato al que se le había pegado un papel impreso. Mi cerebro no podía asimilar que una pantalla pudiera tener ese aspecto. El idilio se rompió cuando pregunté por el precio: alrededor de 500 euros. No estaba dispuesto a dejarme ese dinero en ningún dispositivo novedoso, poco probado y que, casi con total seguridad, acabaría obsoleto en muy poco tiempo.

ebook sony

eBook de Sony, fuente:http://libroebook.com

Reconozco que el libro electrónico tiene sus ventajas: facilidad de almacenamiento y transporte, precio ligeramente inferior al libro de papel una vez has amortizado el dispositivo y, seguramente, fardes un diez o un veinte por ciento más. Entre los puntos negativos se encuentran el catálogo de obras disponibles (muy inferior al soporte papel por el momento), la enorme confusión entre formatos y compatibilidades (que todavía hoy echa para atrás a muchos potenciales compradores) y la más subjetiva de todas las razones: la imposibilidad de pasar las hojas, de manosearlas, de olerlas, en definitiva de sentir el libro.

Existen miles de cosas que puedes hacer con un libro tradicional y que no puedes hacer con uno electrónico: usarlo para nivelar la pata de una mesa, encender con él la chimenea, escribir sobre él con un bolígrafo, ver cómo se amarillea con el paso de los años, colocarlo junto a cientos de compañeros iguales en estanterías imposibles, hacer pesas con él, organizar infinitas mudanzas, cambiarlo de un estante a otro en busca de mejores compañeros, usar sus hojas para liar cigarrillos, etc.

Dejando a un lado la ironía del último párrafo, reconozco que las razones para decantarse por uno u otro formato son casi siempre subjetivas, pero lo que sí es cierto es que un libro de papel puede ser una asombrosa inversión. Los parámetros que convierten a un libro en extraordinariamente caro no son fijos, puede ser su antigüedad, la existencia de algún defecto en su impresión, una dedicatoria del autor y otras cien razones más. Como muestra os dejo la lista de los 10 libros más caros vendidos por AbeBooks en mayo de este año, el primero de ellos cuesta más que mi coche.

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