“¡Muu! 2”, una obra de teatro que habla de toros y huye de la polémica

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¡Hay un toro gigantesco a lo lejos! ¡Y no es el de Osborne! Tranquilo, hay cuatro toreros en el escenario. Yllana es una compañía de teatro reconocida y premiada más allá de nuestras fronteras. Seguro que has visto alguna de sus obras, seguro que te han hecho reír: 666, Pagagnini, Zoo o Brookers. Esta vez han sacado a pasear… un viejo montaje. No creas que se han puesto a rebufo de la “Blancanieves” de Pablo Berger para volver la vista sobre el mundo de la tauromaquia, son originales. Y todos sabemos, que la polémica vende en este país de triste figura.

Obra de teatro toros

Hace unos años una bisoña compañía de teatro parió una obra que obtuvo la Courge d’Or al Mejor Espectáculo Extranjero en el Primtemps des Courges de Toulouse. Corría el año 1993. Sería el principio de una larga amistad con premios que jamás subían al avión en la niebla, no se escapaban. Los lobos que entregan los trofeos no se toman a broma el buen humor de los chicos de Yllana. Son los sospechosos habituales. El público pasa por taquilla en Nueva York, Montreal, México D.F., Roma, Londres, París o Eibar…

¿Un humor universal? Algo que creíamos tan local, de repente nos llenó de reconocimiento dentro y fuera de nuestras fronteras.

Ahora han lavado la cara de aquella primera función, la han revisado o “remasterizado” para recuperar la esencia, y han vuelto a pisar con firmeza las tablas de la farándula. Orgullosos y pizpiretos. Sin embargo… ¡Muu! 2 no te deja sin palabras. Perdón. Seré más concreto, a mí no me dejó afónico, no tuve que ovacionar tanto. ¿Qué cuenta? Son las aventuras y desventuras de cuatro toreros, desde que se encuentran en el camerino, hasta la corrida con un toro descomunal. Una “desternillante” parodia del mundo de la tauromaquia. Cuatro clowns que empiezan muy fuerte, bailando como si estuvieran en Broadway…

Hay carcajadas, la muchedumbre aplaude, y llora de risa. Es un hecho. Humor grueso o básico, pero efectivo. Es un montaje dirigido por David Ottone, donde la música es un cómplice necesario, y los gestos de los actores, el asesino del baile. La presentación de los personajes es brillante, original y simple. A partir de ahí, se encadenan una serie de sketches con mejor o peor suerte en la ruleta de Dioniso.

Obra de teatro tauromaquia

Me conquistó el buen rollo que transmiten a los espectadores. Nos integran en el espectáculo pero sin dejar a nadie en ridículo, todo lo contrario, te sientes cómodo. No es fácil. Yo soy el chico de la cuarta fila que se esconde detrás de la palma de su mano y que deja caer el flequillo por su cara cuando ve que un actor baja del escenario… ¡Tengo pánico al Nosferatu del Manicomio de los horrores!. ¿Timidez? ¿Vergüenza? Ambas.

En ¡Muu! 2 Yllana pasa revista a los tópicos del género. La “masculinidad” del torero, el sentido del honor, ejem, el machismo, el maltrato animal, la valentía de los “caballeros” con espada, la patria, la fiesta nacional, los rituales que vienen a caballo a la corrida de toros… pero les falta punch, les falta bravura, no se arriman. No entran a matar. La tauromaquia es un circo romano que enfrenta, en pleno siglo XXI, a la bestia y al toro de lidia, y era una buena oportunidad para pisotear los valores sagrados de ese “arte” sangriento, para mandarlos al cuerno.

Muu 2

Me pareció una ocurrencia sublime esa virgen viviente. Tronchante. Y el toro con porte humano, el minotauro que recuerda al Depredador de la película de Schwarzenegger, y que instruye a su hijo como un gladiador. Sí, tiene sentimientos y sufre. ¿Alguien lo dudaba? Es un ciclo descorazonador y absurdo contado en tres actos: su nacimiento detrás de la barrera, los entrenamientos mientras crece ingenuo, y cómo estira la pata en la plaza, no hay salida en este laberinto. Siempre es sacrificado, y no a manos de Teseo, precisamente. Aquí no hay héroe, hay víctima. Si eres miope no verás un actor interpretando a un toro recién parido, es un becerro de carne y hueso, que se desploma cuando intenta ponerse en pie. Que nadie lo dude. El actor calcaba los movimientos. Qué crack.

Los histriónicos comediantes son maestros en la comunicación gestual, tienen mucho arte, pero entre todos, yo destacaría a Antonio Pagudo. El gran resbalón de la obra de teatro, en mi humilde opinión, es que algunos sketches duran demasiado. Bostecé más de una vez, entre sonrisa y sonrisa, y recordé que tenía el móvil en el bolsillo. Una pena. 80 minutos no deberían caer en ese pozo. Eso sí, si quieres pasar una velada de risotadas sencillas y francas, y dejar la polémica para cuando bajen el telón, no lo dudes, compra una entrada.

Algunos detalles sin importancia que debería destacar… Mmm… el público eibarrés, entregado, aplaudiendo el Que viva España de Manolo Escobar cantado en alemán y unas banderillas con los colores republicanos en la ciudad que proclamó la segunda república. Curioso.

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