Twin Peaks, el origen de todo esto

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La mañana gris del 24 de febrero de 1989, cuando Pete Martell salió de casa con su caña de pescar y descubrió el cuerpo sin vida de Laura Palmer envuelto en plástico a la orilla del río, no sólo se rompió la aparente tranquilidad de la pequeña población de Twin Peaks sino que abrió el camino hacia la llamada nueva televisión.

Laura Palmer

David Lynch y Mark Frost se conocieron gracias a un fallido biopic sobre los últimos días de vida de Marylin, pero aunque el proyecto finalmente no salió adelante, la vida de Norma Jeane Baker les sirvió de inspiración para crear uno de los personajes más influyentes de la historia de la televisión. Y es que más de veintidós millones de espectadores se sentaban frente al televisor cada semana con un mismo objetivo: saber quién mató a Laura Palmer.

El encargado de investigar el caso es Dale Cooper, un peculiar agente del FBI obsesionado con los donuts, el café y la tarta de cereza de Double R. Diner, que para resolver el misterio se ve obligado a introducirse en una comunidad no menos peculiar (con personajes como el ayudante llorica del sheriff o Log Lady, esa mujer que se encargaba de presentar cada episodio con un leño en su regazo) pero que, casi sin querer, acaba destapando la suciedad que se esconde bajo la alfombra del pueblo de postal.

Vías del tren

En otras manos, seguramente Twin Peaks se habría quedado en un extraño híbrido entre procedimental y culebrón (como Invitation to love), pero Lynch consigue elevar el conjunto incorporando su visión surrealista del mundo e introduciendo un lenguaje más propio del cine experimental. Las continuas elipsis y metáforas visuales yuxtapuestas a escenas absolutamente surrealistas al son de la evocadora banda sonora compuesta por Angelo Badalamenti dejan en permanente estado de estupor al espectador. Y es que no nos cuentan una historia, nos la hacen sentir.

Por presiones de la cadena ABC, Cooper acabó descubriendo quién era el asesino a mediados de la segunda temporada mediante uno de sus métodos nada ortodoxos. Y a pesar de que la trama no era más que un enorme MacGaffin porque los verdaderos protagonistas de Twin Peaks eran sus estrafalarios personajes, con el misterio resuelto la serie empezó a perder rápidamente tanto audiencia como calidad.

Posteriormente, Lynch dirigió la innecesaria precuela Twin Peaks: Fire Walk With Me, que mostraba los últimos días de Laura Palmer y que, con razón, fue vapuleada por la crítica y un auténtico desastre en taquilla. Pero a pesar de estos tropezones (que hay que aclarar que no todos son responsabilidad de Lynch), merece la pena recuperar Twin Peaks ni que sea por su primera temporada, todo un ejercicio de estilo prácticamente perfecto e irrepetible.

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