Un personaje inolvidable: Howard Roark

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Algunos personajes de ficción se te clavan en lo más profundo, y su veneno recorre tus venas. Nunca podrás olvidarlos, son parte de ti. A veces, te sientes identificado, otras, los admiras en la distancia. Aprendes con ellos, respiras su aliento. Howard Roark es una inspiración para muchos. No es Atticus Finch, piensa más en sí mismo que en los demás. Y sin embargo, su carácter puede ser tan honorable y beneficioso para el mundo, como el del bueno de Atticus.

Ayn Rand:

El ego del hombre es el manantial del progreso humano.

Arquitecto Howard Roark Gary Cooper

“El manantial” es una película de 1949. En blanco y negro, de otra época, invisible para muchos. La dirigió King Vidor, y está basada en la novela homónima de Ayn Rand. Gary Cooper interpreta al arquitecto Howard Roark. Un personaje inolvidable. ¿Por qué?

Arquitecto El Manantial

A mí me fascina, cuando tropiezo con esta historia, de madrugada casi siempre, no puedo despegar los ojos de la pantalla. Su alegato final me excita, me emociona. Me entran unas ganas locas de levantarme y darle la mano a Gary Cooper. Sí, señor. Subrayo cada una de tus palabras. Si te condenan, yo te llevaré un bocata de tortilla de patatas a la cárcel cada mañana. Y una lima de uñas.

Los años y la sociedad son martillos que te golpean una y otra vez, para darte forma y que puedas caber en el nicho que te tienen asignado. Una colmena de muertos vivientes. Después de todo, no somos más que difuntos de permiso, el truco está en prolongar esa libertad el mayor tiempo posible. Defenderse de los golpes, luchar por tus ideas, ser íntegro. Vivir.

Howard Roark es un superhombre, un héroe. Y por tanto, increíble, una fantasía. Sin embargo, en ocasiones, la realidad se encarga de despertarnos con una bofetada. ¡Existen! Este personaje, que también fue ofrecido a Humphrey Bogart, es un egoísta que antepone sus principios al bien común, un visionario que prefiere ver saltar por los aires sus creaciones, a quedarse de brazos cruzados y mostrarse conforme con los que las pervirtieron, no concibe que otros se aprovechen de su obra, ni de su esfuerzo. No es un esclavo.

Gary Cooper Cantera

Un genio rompedor, moderno, un espíritu libre con una mirada diferente. Un idealista ambicioso, valiente y tenaz, cuyo mayor peligro, es que puede ser fuente de inspiración de soñadores con ideales equivocados. ¿El Manantial es un panfleto anticomunista que se pasa de frenada? ¿O un manifiesto de libertad y pureza? ¿Los arquitectos estrella de nuestros días, intoxicados por su ego y con los bolsillos a reventar, han entendido algo? ¿Aceptaríamos que alguien así nos gobernara en estos tiempos de crisis? ¿Por qué me da tanto miedo eso? ¿Estamos acomodados?

Howard Roark no es humilde ni soberbio, es razonable, consciente de su originalidad y su excelencia. Trabaja duro, no quiere que sus habilidades se pierdan en el agujero negro de la mediocridad. Sería un sacrificio imperdonable. ¿Demasiado seguro de sí mismo? Yo diría, simplemente, fiel a sí mismo. Es envidiado por su talento, es odiado porque no transige, no da su brazo a torcer. Asume los rechazos con tranquilidad, imperturbable, concentrándose en su oficio. Sin desviarse de su objetivo. Su obstinación le trae muchos quebraderos de cabeza, pero ni una cantera de granito podrá con él. Los muros que levantan en su carrera, solo le hacen más fuerte. La opinión pública no lo entiende. Y es rencorosa, si no te sometes. Las puertas se cierran. ¿Por qué no es como los demás? ¿Por qué quiere destacar? ¿Quién se cree que es? ¿Por qué quiere romper con todo? ¿Por qué no se limita a ganar dinero? ¿A abrazar al poder? ¿Qué pretende?

Arquitectura Howard Roark

No entienden cuál es su recompensa. Su premio. Hasta que al fin, llega su oportunidad. Su perdición.

Howard Roark:

El hombre no puede sobrevivir si no es a través de su mente. Llega al mundo desarmado, su cerebro es su única arma. La mente es un atributo del individuo. Es inconcebible que exista un cerebro colectivo. El hombre que piensa, debe pensar y actuar por sí solo. La mente razonadora no puede funcionar bajo ninguna forma de coacción. No puede estar subordinada a las necesidades, opiniones o deseos de los demás.

Al terminar la película te miras al espejo. Espejito, espejito, ¿quién es el más guapo? Y por supuesto, no estás a la altura. Qué le vamos a hacer. Es ficción, te dices. Tu orgullo sólo te ha traído calamidades y te gustaría extirpártelo. No eres Howard Roark. En el fondo, tú también lo envidias. Eres una abeja más en la colmena.

Alegato de Howard Roark en castellano.

Alegato de Howard Roark en versión original.

Archivado en Arquitectura, Juicio
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