Anna Karenina: un clásico de la literatura vuelve al cine

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¿Bailarías una mazurca con Keira Knightley? ¿Te subes al tren del escándalo? Siglo XIX. La alta sociedad de San Petersburgo y Moscú no es muy distinta de la francesa, la inglesa o la española. La hipocresía, el machismo y la insolencia son pilares que sujetan en el aire grandes construcciones. La literatura es el columpio en el que la industria cinematográfica mece su amnesia y su falta de ideas. Empujan una y otra vez. Anna Karenina sale al escenario y todos callan. Silencio. Empieza la función, el maestro ha cogido la pluma, y el papel ya no está en blanco.

Joe Wright Keira Knightley

En Xombit no despreciamos la realidad pese a frecuentar la ficción, sabemos que la muchedumbre se escabulle cuando escucha ciertos nombres rimbombantes. Shakespeare, Wagner, Cervantes, Bach. Son osos que gruñen abriendo la boca de par en par, enseñando sus enormes y afilados colmillos blancos. ¡Corred! Pocos tienen el coraje de mirar a los ojos a esas bestias, y ni se te ocurra mencionarles, que sería bueno cazar alguna. Ni se les pasa por la cabeza. Prefiero alimentarme de ratas, dicen.

El rebaño de borregos huye sin mirar atrás, temerosos de convertirse en sal o de sentir las garras en la espalda. Pues verás, otra de esas fieras intimidantes es León Tolstói. La que hoy nos ocupa y preocupa.

Incautos. El eco del miedo retumba en los oídos de los atacados y aplasta su entusiasmo. ¿Un tostón? ¡Corred! Incautos. ¿Eres uno de esos monos asustadizos que buscan la paz en la sumisión, o tendrás los arrestos de ir a la guerra y rugir de placer pasando las páginas que escribió este genio ruso de barba blanca?

Hay quien cruza el bosque y sólo ve leña para el fuego.

La industria del cine vuelve a tropezar con el pasado, y esta vez la piedra se llama Anna Karenina. Una novela inmortal que nació como efímero folletín en una revista. El encargado de adaptar esta trágica y fascinante historia es Joe Wright, un director que ya demostró su destreza en “Orgullo y prejuicio” y “Expiación”. Lo sé, lo sé, no es David Lean ni John Ford. Y gracias a Dios, tampoco Lars Von Trier. Transmite confianza, es competente. Después de ver el tráiler puedo asegurar que no nos tiraremos de los pelos en el minuto siete de la proyección. Eso me quita un peso de encima. No quiero quedarme calvo, me gusta despeinarme cada mañana.

Todas las familias felices se parecen unas a otras; pero cada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada.

Un comienzo brillante para un libro inolvidable. Anna Karenina. Una estremecedora historia de adulterio y pasión en la alta sociedad. Hablan francés aunque no es Paris, la intriga se sitúa en la Rusia decimonónica. Menuda palabreja. La sociedad urbana es un nido de vicios y pecado, mientras la vida en la naturaleza y en el campo es una fábrica de salud y felicidad. Keira Knightley da vida al personaje principal, un nombre clave en la literatura universal. ¿Sabes que la primogénita del poeta ruso, Alexandr Pushkin, fue quien inspiró este personaje? Jude Law, un actor no suficientemente valorado, interpreta a Karenin, Aaron Johnson a Wronsky, el Conde, Matthew Macfadyen pone cara a Oblonsky, el hermano de Anna, y por último, Kelly Macdonald, se embute bajo la piel de Dolly. Un reparto sólido, de buenos actores.

Paul Webster, productor:

Fuimos a localizar a San Petersburgo, a Moscú… vimos docenas de palacios pero ahí dónde íbamos nos decían: Aquí es donde se rodó la versión de 1997… Aquí es donde grabaron la última miniserie… Teníamos la sensación de estar haciendo algo que ya se había hecho muchas veces.

Wright necesitaba un golpe de timón, no quería zozobrar donde otros naufragaron. ¿Dónde buscar la originalidad? ¿Reproducir al detalle la Rusia del Siglo XIX? ¿Efectos especiales? No. Necesitaba capturar la esencia de la obra, la esencia de Ana Karenina. ¿Cómo hacerlo? Se encendió la bombilla. La idea surgió trabajando, obviamente, leyendo un ensayo histórico de Orlando Figes, “El baile de Natacha” (Ed. Edhasa). La película transcurrirá en un solo escenario: un teatro. ¿Qué? ¿Cómo?

En ese ensayo se dice que la alta aristocracia rusa vivía como si estuvieran en un escenario y todo fuera una función. Eran los protagonistas de una farsa. Hablaban en ruso a sus sirvientes y entre ellos en francés, italiano o inglés.

Anna Karenina: un clásico de la literatura vuelve al cine

Joe Wright pilló la metáfora y quedó encerrada en su mente, era una mosca pegajosa, que revoloteaba en su interior sin descanso. Veamos, un teatro. Construyó una maqueta del escenario en las afueras de Londres, para hacerse una idea más exacta. Una puerta lleva a un campo, otra a un laberinto… Se metamorfosea según la escena: una pista de hielo, un salón de baile, un circuito de carreras de caballos o una estación de tren. Los trenes serán de juguete y habrá casas de muñecas. Curioso. Por no decir raro. Todo un reto.

Tom Stoppard, el guionista, que ya ganó un Oscar por “Shakespeare in love”, releyó la novela cinco veces y repasó todas las versiones que se han hecho. Según él, nadie la ha adaptado correctamente. ¿Pretencioso? Esperemos que el próximo que lo intente, no pueda ya decir lo mismo. ¿Cuál es la esencia de esta historia? Wright piensa que Tolstói nos habla de la búsqueda de una vida auténtica. Y sólo la alcanzaremos gracias al amor.

¿Has visto las otras adaptaciones de este clásico? Es un personaje muy goloso. Y muchas actrices han querido probar el dulce. Greta Garbo interpretó a Anna, y no necesitó reír. Después fue la inquietante y guapísima Vivien Leigh quien agarró el papel. Tras ellas, Jacqueline Bisset, Helen McCrory y Sophie Marceau. Es el turno de Keira Knightley. Veremos si nos convence.

Joe Wright, el jefe deslumbrado:

Keira irradia una luz especial, un fuego que viene de su interior. Es una mujer especial, fiel a sí misma.

¿Te gusta esta actriz? ¿Te gustan las películas de época? ¿Crees que conseguirá muchas nominaciones de la academia de Hollywood?

El 7 de septiembre no es nuestro aniversario, pero se estrenará esta película en España. Dijo este escritor reumático hace mucho tiempo, que para los historiadores, los príncipes y los generales son genios; para los soldados siempre son unos cobardes. Nunca pensé que daría la razón a un soldado…

Archivado en Adaptación, Literatura
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