Ecce Femina o de los problemas del arte vistos a través de una restauración fallida

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Borja ha aparecido en el mapa de manera por demás peculiar. La restauración del Ecce Homo de Elías García Martínez por parte de la octogenaria Cecilia Giménez sigue dando de qué hablar. Mientras tanto el Santuario de la Misericordia se llena de visitas este verano. ¿Recuperar la obra original o defender la originalidad de la restauración fallida? La historia la conocemos ya todos, por lo que es momento de hacer un alto para pensar un poco en ella, ¿me acompañáis?

Como suele decirse: comencemos por el principio. Poncio Pilato, quinto prefecto de la provincia romana de Judea, ha dejado su nombre grabado en la historia por haber sido el encargado de llevar el proceso en contra de Jesús. El romano, no obstante, se lava las manos en un gesto simbólico para eludir la responsabilidad en la decisión final. Este pasaje se transformó en una expresión coloquial en nuestra lengua.

Pero, además de esto, el Evangelio de Juan 19:5 pone en boca de Pilato las siguientes palabras: “Y salió Jesús, llevando la corona de espinas y el manto púrpura. Y Pilato les dijo: ¡He aquí el hombre!”. La exclamación del prefecto es la traducción de la expresión latina Ecce Homo que ha dado título a las obras de numerosos artistas que han recreado el momento. Podríamos ir de Caravaggio al hasta hace poco desconocido Elías García Martínez repasando las versiones en pintura del pasaje bíblico, pero no es el caso. Basta tener en cuenta el contexto y la idea que esta representación pictórica tiene como referencia.

Esta es la restauración de doña Cecilia

Por lo que puede verse, la obra de García Martínez que se encontraba (o se encuentra detrás de la variación que ahora es visible) en el Santuario de la Misericordia no era, ni por mucho, una obra maestra que reprodujera de manera inigualable el momento en que Jesús es presentado a una muchedumbre enardecida presta a presenciar su crucifixión. Se trata más bien de un rostro promedio de Cristo adornado con el manto púrpura y la corona de espinas, pero de no ser por el título no habría mayor forma de establecer un vínculo entre la obra y el pasaje del Evangelio. La expresión del rostro no es muy diferente a muchas de las que podemos encontrar y, en general, no hay en la obra algún gesto técnico que le haga excepcional.

No obstante, la devoción de doña Cecilia Giménez, aficionada a la pintura y a la restauración, no podía tolerar el deterioro en que se encontraba una obra que busca representar un momento tan emotivo de la vida de Jesús. ¡He aquí el hombre que dio su vida por la salvación de la humanidad entera! ¿Cómo evitar poner manos a la obra para restaurar la imagen? No se trata ni de especular con las motivaciones, ni de despertar compasión por esta gentil parroquiana. Pero no se puede perder de vista tampoco el contexto en el cual se dan las cosas. A sus 81 años de edad, la acción de doña Cecilia no puede ser más que una obra de buena voluntad.

Este es un fragmento de la versión de Caravaggio

Ahora bien, ¿cómo la buena voluntad de una anciana puede convertirse en noticia a nivel mundial? El 7 de agosto el Centro de Estudios Borjanos publicaba una nota en donde hablaba de la restauración como un “hecho incalificable”. Los diarios locales no tardaron mucho en hacer eco de la nota, pero no fue sino hasta que llegó a Twitter que comenzó el efecto viral que hoy hace del Santuario de la Misericordia en Borja un punto de obligada visita para los turistas y curiosos. El debate que ha generado es inmenso y ahora queda decidir si es posible proceder a una recuperación de la obra o si la nueva versión permanece tal y como ha quedado.

El lugar donde está la obra

En días pasados Javier Domingo abrió una petición en el portal change.org para conservar la obra de doña Cecilia. El internauta sustenta la misma alegando que se trata de un “inteligente reflejo de la situación política y social de nuestro tiempo”, y hasta este momento cuenta con 20,278 firmas. Su comparación con obras y estilos de artistas como Munch o Goya parece un poco exagerada, pero eso no deja de lado el que se pueda plantear una interesante pregunta: ¿puede una anciana de 80 años crear una obra de arte a partir de la intención de restaurar una obra previa? La calidad artística de la obra puede ser cuestionable y objeto de burla (como lo ha sido en la red), pero la palabra clave para dirimir el asunto está en la intención.

¿Cuál era la intención de Munch al pintar “El grito”? ¿Qué intentaba Goya con “El coloso” o con “Saturno devorando a un hijo”? Las respuestas dan como resultado las interpretaciones de obras de artistas consagrados, pero ante doña Cecilia la respuesta es simple: restaurar una obra que parecía ya muy deteriorada. Haciendo su peculiar interpretación realizó un trabajo que excede la restauración y roza con el carácter simbólico del arte con su constante excedente de sentido que mantiene abierta una obra para su interpretación. Pero no queda claro que esto sea suficiente para considerarle una obra de arte, a pesar de que en ella se depositen muchos afectos y que, por ende, cuente con un público que le aplaude.

Vecina de Borja aficionada a la pintura

¿Quién será el Pilato moderno que juzgue finalmente la obra? Por lo pronto sólo queda exclamar: Ecce Femina. ¡He aquí la mujer que puso en boca de todos una obra olvidada! ¡He aquí la bien intencionada mujer que ha puesto al mundo a reflexionar en torno a lo que es el arte! Quizá sólo por esto su labor adquiere un valor relevante y suficiente para pensar en conservarlo. Lejos de burlas y purismos habría que mandar un abrazo a doña Cecilia que nos ha acercado a un debate interesante, además de regalarnos muchas sonrisas. ¿Qué pensáis vosotros de esta historia?

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