Soy el millar de vientos que soplan, soy el diamante que brilla en la nieve (II)

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Segunda parte de la trágica historia de Nanda Devi Unsoeld. Su padre hizo dos promesas la primera vez que tuvo delante la imponente y bellísima montaña sagrada. Que si nada se lo impedía en el futuro, volvería para escalarla, y que si algún día tenía una hija, llevaría su nombre. 27 años más tarde, ahí tenemos a los dos, en La India. Padre e hija. Se aproximan al Santuario. Su equipo no es el más adecuado, el ambiente podría compararse al de la noche de los cristales rotos. Malos augurios. Sin embargo, todos sienten algo muy especial por Nanda Devi. ¿Será recíproco?

Nanda Devi Unsoeld

Primera parte de la historia en Soy el millar de vientos que soplan, soy el diamante que brilla en la nieve (I).

Como era de esperar, las complicaciones emergieron como icebergs ante el Titanic, mucho antes de llegar al Nanda Devi. El Santuario o Parque Nacional Nanda Devi es el interior del anillo de montañas que protegen la morada de hielo de nuestra diosa. Pues el follón empezó antes, no habían cruzado el delicadísimo Defiladero Rishi, y un helicóptero tuvo que evacuar a la litigante esposa, a la futura divorciada. Tuvo un percance que casi le cuesta la vida, y no se quería ir. Jim States, el médico, tuvo que insistir muchísimo y enfrentarse a algunos de sus compañeros que también se oponían. (Esta señora moriría más tarde en el Everest). Algo había quedado claro tras el incidente. Faltaba un líder al que todos hicieran caso.

Tragedia

Se dividen en dos grupos. El equipo más fuerte hace cumbre el 1 de septiembre. John Roskelley, Jim States y Lou Reichardt. Sin problemas, todo bajo control. Potencia, técnica y experiencia.

Mientras tanto, el padre y la hija se encuentran en el Campo IV, a 7300 metros, a la espera de buen tiempo. Jim observa algo raro en el estado de salud de la joven cuando se cruzan, y desaconseja la subida. No subas, chiquilla. Presentaba una bronquitis moderada, y una hernia inguinal algo preocupante. La inexperta muchacha, impulsiva y tozuda, no daba su brazo a torcer. Subo. Entonces, el médico habló seriamente con su padre. Por encima de 6500 metros todo va muy rápido, Willi, te hundes, te mueres enseguida, en muy pocas horas. La respuesta de William fue:

¿Qué puede hacer un padre? Ella quiere subir y confía en que yo le ayude a conseguirlo.

Alucinante. El tres de septiembre, contradiciendo la opinión del médico, Devi Unsoeld ascendió hasta el último campamento junto con su padre y con la cordada compuesta por Peter y Andy, su prometido. Debió ser muy duro, porque al día siguiente, a pesar de que amaneció con un tiempo suficientemente bueno como para intentar la cumbre, decidieron quedarse en la tienda para reponer fuerzas. Devi se sentía exhausta, estaba reventada, y tenía algo de diarrea.

Las nubes cubrieron el cielo y una tormenta azotó la parte superior de la montaña durante horas, los escaladores no podían salir de sus tiendas, acurrucados. Dos días después, William consiguió hablar por radio con el campo base. Devi apenas se movía ya dentro del saco y necesitaba ser evacuada, pero todos eran conscientes de que era imposible, la tempestad les tenía atados de pies y manos. Un helicóptero a aquella altura… era una idea de ciencia ficción. Su padre estaba desesperado:

¿Hay algo que podamos hacer por ella, Jim?

Tenéis que bajarla como sea.

Los tres escaladores asintieron. Partirían en la madrugada del día siguiente, aunque fuera en medio de la tormenta, del infierno, descolgarían a Devi por el espolón norte para hacerla llegar al campo tres, y si les quedaban fuerzas, aguantarían hasta el campo dos. Estaba todo dispuesto, pero esa misma noche Devi empeoró, su pulso se hizo discontinuo, empezó a temblar de escalofríos y sufría calambres abdominales. Los esfuerzos de su padre por mantener su pulso y respiración fueron en vano. Sus últimas palabras fueron susurradas, “me voy a morir”. Y así fue. Falleció en brazos de su padre, a causa de un edema pulmonar, extenuada, seguramente hubo alguna complicación con la bronquitis. El mal de altura, vamos.

Padre e hija alpinistas

Willi Unsoeld cayó de rodillas sobre la nieve. A su alrededor, sus dos compañeros. Una escena dramática que jamás podrían arrinconar en el trastero de su memoria. Los tres se cogen de las manos y forman un círculo. En el centro hay un saco de dormir cerrado. El viento sopla silbante, las penas se mecen y el frío escarcha el alma y el aliento. Están agotados de tanto escalar, los ojos rojos. No sienten nada y lo sienten todo.

Arrodillados sobre la blanca alfombra, a solas con sus propios pensamientos. Los tres a un tiempo, ponen sus manos sobre el saco de dormir, y lo empujan para que resbale y caiga al vacío de la cara noroeste. Miles de metros más abajo, Devi encontrará su tumba de hielo. William Unsoeld quiso seguir la misma suerte, pero sus compañeros lo impidieron y le obligaron a descender.

Los porteadores y los cocineros de la expedición degollaron un cordero para honrar su muerte. Era una partida marcada. La venganza de la diosa. Había tejido con hilo de plata la red del destino de la pobre chica.

Al llegar a los Estados Unidos William declaró que, Nanda Devi murió cumpliendo su sueño. Hay peores maneras de morir, dijo. No sé si será un consuelo. Lo que parece bastante evidente, leyendo lo que hay escrito, es que aquel hombre eufórico de 1949, entró en depresión. Murió tres años después por una avalancha en el monte Rainier, en las Montañas Rocosas. Descanse en paz. Según Sebastián Álvaro, su mujer, la madre de Devi, dejó este epitafio en su tumba, un poema de Mary Elizabeth Frye:

No te pares junto a mi tumba y llores.

Yo no estoy allí. No estoy dormido.

Soy el millar de vientos que soplan.

Soy el diamante que brilla en la nieve.

Soy la luz del sol sobre el trigo maduro.

Soy la suave lluvia de otoño.

Cuando despiertas en la quietud de la mañana,

Soy el rumor de las alas de los pájaros

que vuelan rápida y silenciosamente en círculos.

Soy las estrellas tenues que brillan por la noche.

No te pares junto a mi tumba y llores.

No estoy allí. No he muerto.

Archivado en Alpinismo, Himalaya, India, Nanda Devi, Naturaleza, Tragedia, Willi Unsoeld
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