El auge del consumo colaborativo gracias a Internet y las tecnologías móviles

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Compartir y colaborar son los verbos clave en una de las tendencias que más auge ha ganado gracias a las nuevas tecnologías e Internet. Se trata del consumo colaborativo. Aunque el acto de compartir o intercambiar productos ha existido desde el principio de las civilizaciones, ya que uno de los primeros métodos de comercio fue el trueque, no ha sido hasta la era de Internet y las tecnologías en movilidad cuando este fenómeno ha alcanzado su máxima expresión.

compartir

Hasta hace pocos años, la gente sólo compartía o colaboraba con su círculo familiar, de amistades o conocidos, lo que limitaba los posibilidades de encontrar a alguien con quien compartir, intercambiar o colaborar. Gracias a Internet se ha pasado a un intercambio entre cualquier persona, lo que ha ampliado enormemente las cosas y servicios que podemos compartir, gracias a la creación de plataformas y servicios que conectan las necesidades de los usuarios.

Aribnb, Uber o Blablacar son importantes empresas que entran dentro del concepto del consumo colaborativo, y que están causado auténticos quebraderos de cabeza a los competidores tradicionales y a las administraciones públicas.

Desde Xombit, queremos realizar un pequeño repaso al fenómeno de consumo colaborativo y a la cantidad de áreas que se han podido crear y potenciar gracias a Internet y las tecnologías móviles.

El origen del fenómeno

Aunque el término consumo colaborativo ya se había acuñado años atrás, no fue hasta 2010, a raíz del libro de Roo Rogers y Rachel Botsman “What’s Mine Is Yours: The Rise of Collaborative Consumption” y su conferencia de TEDx en Sydney, cuando se empezó a popularizar este concepto, siempre muy asociado al auge de Internet y las nuevas tecnologías.

Entre 2012 y 2013, el consumo colaborativo empezó a sonar con fuerza en España, al calor de proyectos relacionados con el turismo y el transporte. Actualmente, uno puede vender, alquilar, regalar, intercambiar o compartir casi cualquier tipo de producto o servicio que pueda ocurrírsenos. Desde una habitación de nuestra casa, hasta la cesión temporal de herramientas de trabajo, pasando por compartir trayectos en coche, espacios de trabajo, intercambio de objetos, etc.

Es tal el boom que ha experimentado el consumo colaborativo que ya existen varias asociaciones empresariales por todo el mundo para agrupar a las empresas relacionadas con esta actividad. En España se acaba de crear el año pasado Sharing España, un colectivo de empresas relacionadas con la economía colaborativa y los negocios P2P.

La clave de su éxito: Internet y la movilidad

Como señalaba al principio del artículo, compartir o intercambiar productos o servicios entre la gente es una actividad que se ha venido realizando desde hace mucho tiempo, pero Internet y las nuevas tecnologías (auspiciados por la crisis económica de los últimos años) han conseguido universalizar y extender este fenómeno a casi cualquier ámbito de nuestras vidas.

compartirbici

La gran penetración de Internet en los hogares ha permitido conectar las necesidades contrapuestas de las personas. Lo que a una persona le sobra o necesita vender, a muchos otros podría interesarles, pero no siempre están en tu círculo. Internet ha conseguido Servicios como eBay han permitido que la gente pueda vender fácilmente los cosas que ya no utiliza o para obtener un dinero extra.

Junto con la popularización de Internet, el otro gran aliado del consumo colaborativo ha venido de la mano de las tecnologías en movilidad. Gracias a tablets, smartphones y aplicaciones móviles se ha podido potenciar el consumo colaborativo en sectores como el turismo o el transporte, permitiendo por ejemplo desarrollar apps que geolocalizan a personas cercanas a nuestra ubicación para compartir un coche o para alquilar una habitación durante unas vacaciones.

La casa y el coche: dos grandes exponentes del consumo colaborativo

Blablacar

Uno de los servicios que se asocia con más fuerza al fenómeno del consumo colaborativo es Airbnb, una compañía de alquiler vacacional entre particulares que se creó en 2008 a raíz de una primera experiencia de sus fundadores al ofrecer tres colchones hinchables en su casa, ante la falta de oferta hotelera durante un congreso en Estados Unidos.

El año pasado, Airbnb fue objeto de diferentes polémicas con el sector hotelero y diferentes administraciones. Pero estas trabas no han frenado la expansión de este modelo de negocio, y actualmente existen multitud de servicios de alojamiento temporal como la alemana Wimdu o la española AlterKeys, entre muchos otros. Así como servicios especializados en determinados nichos como los jóvenes y estudiantes, con páginas como BeRoomers o HabitacionJoven.

Pero además de la modalidad de alquiler entre particulares también han surgido otros sin contraprestación económica para el usuario (aunque sí para el intermediario) como el intercambio de casas para vacaciones, con servicios como Knok, IntercambioCasas o Intervac, el trueque de viviendas, con servicios como Truekecasa o Trocapiso, y el alojamiento gratuito o pagado con trabajos, como CouchSurfing o WWOOF para alojarse en granjas orgánicas a cambio de trabajar en ellas.

El otro gran referente del consumo colaborativo es el coche. Servicios como Uber o Blablacar son buena prueba de ello, aunque con filosofías diferentes. El primero, que ya se ha prohibido en nuestro país, se basa en contratar servicios de conductores particulares para movernos dentro de la ciudad, similar al proceso de pedir un Taxi pero sin ningún tipo de licencia profesional o seguro. Toda la operación se gestiona a través de la plataforma, y el precio se fija por Uber, la cual se lleva un porcentaje de la transacción.

Sin embargo, Blablacar es un servicio de carpooling pensado para compartir los gastos de un coche entre particulares, sobre todo en trayectos de media y larga distancia. El conductor es el que fija cuánto cobrar a los pasajeros, aunque recientemente Blablacar ha empezado a cobrar una comisión por utilizar la plataforma, lo que está provocando críticas ente muchos usuarios y un cambio a plataformas como Amovens o Carpooling.

Al calor de esta modalidad de compartir coche, que ha experimentado un considerable aumento por la crisis y los altos precios del combustible (sobre todo entre los usuarios más jóvenes) continúan naciendo nuevos proyectos como Diacamma, un servicio totalmente gratuito y que pone en contacto a particulares para compartir su vehículo u otros transportes como el Taxi. Incluso la propia Google está preparando un servicio para competir con Uber.

Otras modalidades de consumo colaborativo

Pero no sólo se generan oportunidades de consumo colaborativo alrededor del alojamiento y el transporte. También existen multitud de iniciativas que cubren casi cualquier producto o servicio.

ConsumoColaborativoEmpresas

Podemos encontrarnos servicios relacionados con temáticas de todo tipo, como el turismo colaborativo (Guestinalia, Sherpandipity, LocalHeroes, etc.), medios de transporte (JoinUpTzxi, Compartetren.com, ChangeYourFlight, etc.), compras colectivas (Everybodycar, Compramospiso, etc.), compartir bicicleta (Bicing, LiberaTuBici.org, etc.), transporte logístico P2P (PiggyBee, Movesimo , Shipper, etc.). Además de multitud de proyectos asociados al intercambio o regalo de objetos como Nolotiro, Reciclalia, RopaDona, Creciclando y un largo etcétera.

También están los iniciativas asociadas a compartir o intercambiar servicios, como los diferentes proyectos de coworking, bancos de tiempo o páginas relacionadas con la oferta de tareas para profesionales, autónomos y freelancers.

Todos estos, y muchos más proyectos relacionados con el consumo colaborativo, podréis encontrarlos en una de las webs de referencia de este tema en España, Consumo Colaborativo.

Imagen destacada | Ben Grey

Imagen bicicletas | drpavloff

Archivado en Airbnb, BlaBlaCar, Crowdfunding, eBay, Economía colaborativa, Uber
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