Intel Core M, el procesador revolucionario que nos decepcionó a todos

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Procesador Intel Core M

Tradicionalmente, los fabricantes de procesadores buscaban la máxima potencia posible, y no les importaba añadir ventiladores o incluso refrigeración líquida para disipar la gran cantidad de calor que generaban sus chips. Pero los portátiles fueron ganando relevancia año tras año, hasta que se transformaron en los ordenadores más usados que son a día de hoy. Ya no resultaba razonable desperdiciar energía de esa manera, porque la tecnología de las baterías avanza muy lentamente, y los fabricantes quieren que sus dispositivos se vuelvan más ligeros y delgados… ¡así que les ponen baterías más pequeñas!

Hace décadas que los procesadores de tipo x86 (que manufacturan Intel y AMD) necesitan ventiladores, pero librarse de ellos se había vuelto imprescindible. No sólo para integrarlos en smartphones y tablets, dado que hace tiempo que Intel desarrolla modelos de bajo consumo aptos para estos dispositivos. Pero su sueño era crear un chip con un rendimiento suficiente como para hacer funcionar un ordenador que satisfaga las necesidades del usuario medio, y poder eliminar de la ecuación el ventilador, para reducir peso y volumen. Eso se hizo realidad la pasada Navidad con la gama Intel Core M.

Luchar contra ARM, el objetivo

A día de hoy, los procesadores más eficientes energéticamente son los basados en diseños ARM, como los de Qualcomm, Apple o Samsung. Por eso se eligen para la inmensa mayoría de las tablets y smartphones, ya que ofrecen un desempeño aceptable y un consumo de batería reducido. En el momento en el que se empezaron a concebir los Intel Core M la empresa seguro que tenía una preocupación: Microsoft iba a lanzar Windows RT, compatible con procesadores ARM, y eso podía suponer que Intel perdiera cuota de mercado si el nuevo sistema operativo alcanzaba el éxito.

Procesador ARM

Por otro lado, el objetivo de hacer los portátiles más delgados y ligeros lleva mucho tiempo presente, especialmente desde que Apple mostró el primer MacBook Air en el ya lejano 2008. Pero es la competencia la que hace que las compañías se esfuercen de verdad y, mientras AMD se ha revelado incapaz de seguir el ritmo de Intel, el ecosistema ARM sí puede representar una amenaza. Así que se empezó a publicitar los Core M como los procesadores idóneos para portátiles ligeros o equipos híbridos entre tablet y portátil.

Estos nuevos chips iban a ser posibles gracias a una fabricación a 14 nanómetros de los transistores, ya que elevar el nivel de integración permite reducir el consumo. Lo cierto es que esta nueva familia de procesadores, conocida como Broadwell, sufrió varios retrasos, que no presagiaban nada bueno. Las Navidades pasadas llegaron los primeros portátiles con los Intel Core M, y durante estos meses del 2015 aparecieron más, y al final descubrimos que no era todo tan bonito como parecía.

Así es el Intel Core M

Si quieres saber qué es lo que ofrecen estos nuevos procesadores, la tabla inferior resume las especificaciones del M-5Y70, el más popular. Básicamente estamos ante chips de dos núcleos con una frecuencia de trabajo muy baja, que se aumenta en modo turbo. La idea es que estuvieran por encima de la familia Atom, que se creó para los netbooks y se labró mala fama por su escasa potencia, pero por debajo de la gama Core i3. Esta es su ficha técnica:

Intel Core M-5Y70
Núcleos 2 núcleos y 4 hilos de ejecución
Frecuencia base 1,1 GHz
Frecuencia máxima 2,6 GHz
Gráficos Intel HD 5300, de 300 MHz (turbo a 900 MHz)
Proceso de fabricación 14 nanómetros
Precio por unidad 281 dólares

El precio que indicamos es estimado, lo cierto es que Intel cambia continuamente las cifras y llega a distintos acuerdos con los ensambladores. Pero la cantidad ya nos da una idea de que se tratan de chips para ordenadores de gama bastante alta, que en la mayoría de los casos superan los 1.000 dólares. Es decir, para lo que Intel denomina Ultrabooks, portátiles ligeros con buenos acabados, una potencia aceptable y un diseño cuidado.

Esto ofrece el Intel Core M

Por desgracia, el rendimiento de los Intel Core M no ha sido nada destacado. Sirva como ejemplo el nuevo MacBook de 12 pulgadas con un Core M-5Y31 a 1,1 GHz, su potencia es similar a un modelo con 4 años de antigüedad como el MacBook Air de 13 pulgadas del 2011 con un Intel i7 2677M a 1,8 GHz (ambos son modelos de dos núcleos). Es decir, que se trata de un claro paso atrás en potencia, como se aprecia en este gráfico:

Comparativa de rendimiento del MacBook de 12 pulgadas y el MacBook Air del 2011

Lo peor es que en el rendimiento se nota que un ordenador con un Core M va menos fluido, aunque puede realizar la mayoría de las tareas con normalidad. No están pensados para edición de vídeo o fotos, pero tampoco resultan desastrosos en esos campos. Respecto a los videojuegos, está claro que no colmarán las expectativas de un jugador mínimamente exigente.

Otro problema es que los portátiles con Core M se calientan bastante, más de lo que a los usuarios les gustaría. Y, aunque las autonomías de la mayoría de los modelos son amplias (alrededor de las 7 horas, llegando a las 9 horas), realmente Intel nos había creado unas expectativas muy elevadas que no se han cumplido. Eso sí, es verdad que se ha conseguido hacer los portátiles, en general, más livianos y delgados. Eso obligó a reducir el tamaño de las baterías, y es probable que con dimensiones menos extremas viéramos autonomías cercanas a las 12 horas.

Microsoft ha salvado a Intel

La verdad es que los Core M han representando un paso adelante, y aportan ciertas mejoras. Pero Intel nos había prometido una revolución, y al final sólo hemos asistido a una evolución bastante discreta. En teoría, después del verano llegará una nueva generación de procesadores (la familia Skylake) con cambios en su arquitectura, que quizá hagan de estos chips de bajo consumo una alternativa más atractiva.

MacBook (2015)

Mientras tanto, la jugada a Intel le ha salido redonda: seguramente el objetivo de los Core M era defender el dominio de la empresa en dispositivos Windows, algo que no ha conseguido por méritos propios, sino por errores ajenos. La versión de Windows para ARM ha supuesto un fracaso, ya que no ejecutaba programas tradicionales de escritorio, y Microsoft no ha conseguido que los desarrolladores creasen nuevas aplicaciones. Así que Windows RT está muerto, y nadie amenaza a Intel como reina de los ordenadores tradicionales.


Esta es la historia de los Intel Core M, unos chips que prometían cambiar por completo nuestra forma de entender los ordenadores (tanto portátiles clásicos como convertibles), pero que se ha quedado en un tímido paso adelante. Eso sí, aunque muchos nos hemos sentido decepcionados con estos procesadores, está claro que los modelos de bajo consumo y sin ventilador representan el futuro, y seguro que en un par de generaciones los Core M se transformarán en un producto mucho más interesante, que tenga sentido para la inmensa mayoría de usuarios.

¿Qué opinas tú de este tema? ¿Crees que los Intel Core M han supuesto una pequeña revolución, o piensas que se han generado unas expectativas que luego no se han cumplido?

Archivado en Broadwell, Intel, Procesadores
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