Cuando las montañas saben a fresa

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Este vídeo puede resultar un tanto surrealista, y hasta hilarante en ciertos momentos. Pero, actividades cotidianas como escuchar música, hablar o comer ¿generan realmente colores, formas o texturas?. La respuesta es sí, y la explicación se encuentra en una particular condición de la percepción: la sinestesia.

Imagínate por un momento que sientes un intenso sabor a fresa cuando contemplas una montaña, o que percibes formas geométricas (círculos, triángulos…) cuando estás saboreando una deliciosa paella.

Aproximadamente un 1 por ciento de la población experimenta este tipo de vivencias diariamente. Son los denominados sinestésicos. La sinestesia puede definirse como una condición de la percepción en la que la información entre los sentidos se mezcla o intercambia, debido a un desarrollo cerebral distinto al habitual.

De un modo más sutil, esas conexiones entre percepciones procedentes de distintos sentidos realmente existen, aunque no seamos conscientes de ello. De hecho, si os tocase una nota de piano aguda y a continuación os preguntase si creéis que es de un color brillante o mate, muchos de vosotros diríais que es brillante. Por el contrario, si toco una nota grave, muy posiblemente os sugeriría una tonalidad mate u oscura.

¿Realidad o alucinación?

Las manifestaciones sinestésicas son múltiples. Una de las más comunes implica que el ver una letra o un número desencadena una experiencia cromática. En un artículo reciente, un sinestésico explicaba como percibe ciertos números: “El 1, por ejemplo, es un color blanco brillante, algo así como la luz de una linterna enfocada a los ojos. El 5 es un trueno o el sonido de las olas rompiendo contra las rocas… mientras que el 89 me recuerda a la nieve que cae”.

Algunas personas se deleitan especialmente escuchando ópera, ya que consiguen apreciar multitud de colores y sabores. De hecho, en ocasiones sus visiones se aproximan a las vividas bajo los efectos de drogas psicodélicas, como el LSD, la mescalina o algunos hongos tropicales.

De todo esto podríamos deducir que los sinestésicos habitan en una constante alucinación. No es así. Cuando leen un periódico, por ejemplo, reconocen perfectamente el color negro de las letras y asimilan con total corrección el contenido de la noticia. Simplemente disfrutan de experiencias sensoriales añadidas, y totalmente conscientes.

Buscando las causas

En el año 2005, un equipo de científicos de la Universidad de California, afirmaba en BBC News que la sinestesia se debe a la activación cruzada de áreas adyacentes del cerebro que procesan diferente información sensorial. Este cruce podría explicarse por un fallo en la conexión de los nervios entre distintas áreas cuando el cerebro se desarrolla en el interior del útero.

Por su parte, David Eagleman, neurocientífico de la Universidad de Houston, incide en sus orígenes genéticos. Según la denominada genómica perceptual, pequeños cambios en el genoma hacen que la gente vea la realidad de forma diferente. Así lo explicaba durante la magnífica entrevista que Eduard Punset le realizó en el programa número 22 de Redes.

Creatividad y sinestesia

Dibujo de Miles Davis basado en una fotografía de Anton Corbijn

Imagen: Simon Götz

La vinculación entre creatividad y este fenómeno sensorial es un hecho comprobado. Figuras de primer orden en el mundo de la literatura, la pintura o la música eran sinestésicos. Baudelaire, Marcel Proust, Rimsky-Korsakov, Kandinsky, Nabokov o Miles Davis se deleitaban con las sensaciones que recibían y las plasmaban en sus obras. Muy posiblemente esta singular condición de la percepción explique mejor las fantásticas descripciones de Proust, o las maravillosas improvisaciones del citado genio del jazz.

Curiosamente (o no), la sinestesia es también una figura retórica que, además de la mezcla de sensaciones auditivas, visuales, gustativas, olfativas y táctiles, asocia elementos procedentes de los sentidos físicos con sensaciones internas (sentimientos). En sus Elegías lamentables, Juan Ramón Jimenez escribía: “en el cénit azul, una caricia rosa”.

Archivado en Genética, Neurociencia
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