Directores: Takeshi Kitano (IX): El verano de Kikujiro

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Esta semana repasaremos una de mis películas favoritas de Kitano, llena de humor, buenos momentos y aliñada con un poco de tristeza. Simplemente un verano que será muy especial para Masao, un niño que se va de casa con la siempre romántica meta de conocer a su madre.

Antes de empezar a hablar sobre esta película quiero dejar clara una cosa. No me suelen gustar las películas con niños, mucho menos esos dramones en los que el infante en cuestión se arma de valor y enfrenta a un mundo cruel con la romántica meta de encontrar a su desaparecida madre. Dicho esto, ahora quiero decir bien alto que El verano de Kikujiro es una de las películas que más he disfrutado en mi vida y de las que mejor recuerdo guardo. Su mezcla entre humor, tristeza y felicidad enmarcan una película absolutamente entrañable y de una increíble ternura pero que nunca se acerca a empalagar. Creo que queda bastante claro que mi opinión sobre la cinta que nos ocupa no va a poder ser todo lo imparcial que uno podría desear.

Fotograma de El Verano de Kikujiro

El argumento nos presenta a Masao, un niño que vive con su abuela y que nunca ha conocido a su madre, ya que esta se ha visto obligada a desplazarse en busca de trabajo. Es verano y todos sus amigos se han ido de vacaciones aprovechando que no hay escuela, lo que lo deja en la situación de enfrentarse a un verano solo y aburrido. Pero cierto día Masao encuentra la dirección de su madre, con lo que decide armarse de valor y lanzarse a encontrarla. Pronto se le unirá en su viaje un extraño personaje (representado por Beat Takeshi) conocido de su abuela, con el que pasará un verano muy difícil de olividar.

Este resumen puede resultar un poco tópico, pero recordemos que nunca sabes qué puede pasar si es Kitano el que ha escrito el guión. De este modo encontraremos momentos muy surrealistas de la mano del personaje que interpreta el mismo director, que resulta ser un inconsciente, estafador y mentiroso ex yakuza (no podía ser de otra manera).

Fotograma de El Verano de Kikujiro

Una vez más el autor vuelve a centrar su punto de mira en el viaje como momento en el que, aunque parezca representado como un paréntesis en el tiempo, suceden cosas que nos cambian para siempre. Es a lo largo de este peculiar viaje cuando podemos conocer más profundamente a cada uno de los dos protagonistas, descubriendo que lo que en un principio parecen polos opuestos, no son más que las caras de una misma moneda. Entendemos que las personalidades de cada uno de los personajes no son más que la respuesta a un mundo que los rechaza, a uno por su pasado, a otro por su presente.

Fotograma de El Verano de Kikujiro

Si, como espero, habéis visto la película imagino que coincidiréis conmigo en que se puede dividir en dos partes, como cualquier otro viaje pero por primera vez en uno en el que nos acompaña Kitano: la ida y la vuelta.

Durante la ida vemos como Masao intenta ser como los demás, encontrar a su madre y ser como cualquier otro niño. Por su parte su compañero se dedica a vivir la vida y hacer el camándula todo lo que puede, acompañando al pequeño sólo porque así se lo pidió su mujer.

En la vuelta del viaje, tras lo que supuso alcanzar la meta, se nos presenta cómo los personajes comienzan a aceptarse a sí mismos y entre ellos (y a otros de su condición). Somos testigos de cómo se divierten y relacionan los unos con los otros, lo que nos recuerda irremisiblemente a la parte de la playa en Sonatine.

Fotograma de El Verano de Kikujiro

Cuando todo termina, el director nos ofrece, con un guiño, la posibilidad de recapitular y pensar de nuevo en lo que hemos visto. ¿Quién ha cuidado de quién?, ¿Quién ha aprendido más de quién?, ¿Cuál es, realmente, la temática de la película?

Toda esta trama, lo loco, triste y tierno de toda la cinta, son las cosas que, después de varios años, no he podido olvidar de ella, y son también lo que he vuelto a encontrar después de volver a verla para escribir estas líneas. Y la verdad, ver una película de la que tienes tan grato recuerdo y ver que tus expectativas se ven colmadas es muy agradable.

Ahora, antes de terminar, quería hacer un pequeño anuncio, y es que, habiendo llegado ya a la mitad de la filmografía de Kitano, creo que es el momento de tomarnos un merecido descanso, por lo que durante unas semanas vamos a dejar este ciclo pausado. Espero que esto ayude a que los que hayan empezado tarde se pongan al día, o a que más gente se una… o a que alguien comente.

En la siguiente entrega:

Brother (2000)

Cartel de Brother

Archivado en Beat Takeshi, Cine Japonés, Directores, Takeshi Kitano
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