Diario de un desterrado: una semana sin WhatsApp

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¿Hasta qué punto llega nuestra adicción a las nuevas tecnologías? Una vez uno se ha acostumbrado a una aplicación tan extendida y útil como WhatsApp, ¿se puede pasar sin ella? ¿La echamos en falta porque realmente es cómoda y nos facilita la vida, o por habernos habituado demasiado a usarla? Lo intentaré averiguar en este artículo, en base a mi experiencia de una semana sin el popular programa de mensajería instantánea para smartphones.

Esta semana la sección de tecnología de Xombit deja un poco de lado la actualidad para reflexionar sobre la dependencia que a veces nos provocan ciertos gadgets, y valorar si se trata de algo sano, o si nos hemos acostumbrado a cosas del todo innecesarias. Os pongo en situación: hace unos días se ha estropeado mi smartphone y, como mi llegada al mundo de los teléfonos inteligentes fue algo tardía, mi anterior dispositivo que he reutilizado es un terminal convencional. Nunca me he planteado volver a los móviles tradicionales, pero pensé que resultaría fácil durante unos días pasar sin el aparato, a la espera de que el servicio técnico determine si se puede reparar. Por desgracia, me equivocaba.

Logo de la aplicación WhatsApp

Sorprendentemente, no he añorado la mayoría de las funciones. Poder consultar en cualquier sitio la web parece una gran comodidad, pero rara vez es algo imprescindible y urgente. Recibir el correo electrónico en el momento puede resultar clave para ciertas personas, pero me he acabado por dar cuenta que prácticamente cualquier asunto puede esperar un par de horas a que disponga de un ordenador. Incluso las aplicaciones para controlar el estado del transporte público urbano acaban por poder sustituirse por un poco de previsión y unos minutos extra de espera en las paradas. Pero hay un programa muy importante sin el que esta semana ha sido verdaderamente dura, y que he echado en verdad de menos.

Se trata del WhatsApp, ese sistema de mensajería instantánea en el móvil que ha alcanzado tanta popularidad, y que a día de hoy es casi un requisito social. Me he dado cuenta de que la mayoría de los compromisos personales se concretan con un “te mando un WhatsApp”, y que quien no dispone de esta aplicación queda en cierta medida marginado, y representa molestias para el resto de los miembros de cualquier grupo, en forma de gastos en llamadas, mensajes y retrasos a la hora de obtener información. Es más, incluso en las conversaciones uno se queda aislado, puesto que muchas veces los temas que han surgido en este programa se siguen discutiendo en la vida real.

Distintas versiones del WhatsApp

Llega la pregunta clave: ¿esta aplicación es verdaderamente útil o un capricho al que nos hemos acostumbrado? Yo creo que ambas cosas, puesto que es cierto que nos permite ahorrar en las comunicaciones, establecer una conversación muy fluida y estrechar lazos con nuestros seres queridos. Pero al final estas ventajas acaban degenerando en interminables conversaciones sobre temas banales que representan una pérdida de tiempo, y en una adicción a saber en todo momento lo que está ocurriendo. De todos modos, lo cierto es que yo ya estoy pensando en mi nuevo móvil por si el anterior no se pude reparar, y el culpables es… el WhatsApp.

¿Qué piensas de esta reflexión? ¿También consideras que esta aplicación puede acabar por provocar una dependencia insana, o crees que las ventajas que ofrece son más importantes que los inconvenientes?

Archivado en Comunicaciones, Mensajería instantánea, Móviles, Smartphones, WhatsApp
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Comentarios (3)

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  • Ricardo Cruz dice:

    Creo que ya no sólo es una aplicación la que provoca dependencia… el smartphone en general provoca dicha dependencia. A donde vas ves a la gente sentada en las terrazas con el teléfono en la mano. Si llegas a un sitio pues haces tu check-in en Foursquare, si estás dando una vuelta y ves cualquier cosa ahí tienes Instagram para inmortalizarlo y subirlo a tus redes sociales, si alguien te mensiona en Twitter rápidamente estás viendo si es un RT o un replay, si vas en el tranvía y falta mucho para llegar haces tiempo con una partidita de Apalabrados… en fin, que estamos enganchados sí, pero al Smartphone en general.

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