Operación E, la jungla en el asfalto

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Hagamos memoria: es el año 2007, la guerrilla de las FARC debe liberar a tres rehenes que mantiene secuestrados y los gobiernos de Colombia y Venezuela despliegan un importante dispositivo. La operación Emmanuel. Los helicópteros de la Cruz Roja Internacional sobrevuelan algún lugar del Guaviare. Un momento, debe retrasarse, el intercambio no es seguro. ¿Por qué? Tres años antes, José Crisanto un campesino que sobrevive en plena jungla ha tenido que hacerse cargo de un bebé sin nombre. Cuídalo si no quieres morir, dijeron los uniformados…

Miguel Courtais Colombia

Aprovechando el puente de la Constitución, hoy miércoles se estrena Operación E, una película muy interesante que dirige el polémico Miguel Courtois (Lobo, Gal, Le piège afghan) y que te recomendamos vivamente desde Xombit. Probablemente no sea una obra maestra del séptimo arte, y es bastante obvio que el aleteo de las alas de esta mariposa no cambiará el mundo. Es más, casi puedo apostar una ceja a que ninguno de tus amigos está haciendo la ola, con ganas de verla, pero créeme, saldrás del cine saciado, rumiando qué hubieras hecho tú en la piel de Luis Tosar, abandonarás la sala después de haber catado sin pestañear una buena historia, que no es poco, y si eres inteligente, y no lo dudo, desencadenará conversaciones estimulantes y entusiastas.

Secuestro Clara Rojas

Lo primero y lo que más pánico podría darte, es que está basada en hechos reales. No todo en Colombia es del color del arco iris, aunque exista Caño Cristales. Abro de par en par los ventanales del escenario, tiembla, llegarán ráfagas de crueldad. La abogada y política Clara Rojas fue secuestrada por las FARC junto a Ingrid Betancourt en el año 2002, seguro que recuerdas algo, o has leído su libro, o has visto en la televisión alguna noticia relacionada con este turbio asunto. Fueron seis años de cautiverio, de tormento, en los que tuvo un hijo con uno de los guerrilleros.

Cambiar pañales no entraba en los planes de la guerrilla, así que entregaron al recién nacido a un pobre hombre. De nombre, Crisanto. Un humilde campesino cocalero que sobrevivía en la jungla con su joven mujer (la bellísima y estupenda actriz, Martina García), sus cinco hijos y un suegro curandero indígena. A partir de ese encuentro crucial, su cabeza tiritará bajo el yugo del terror, deberá cuidar al bebé para no perder a su familia. El pequeño está gravemente enfermo de paludismo y tiene roto el brazo izquierdo, la selva no es el Hospital Ruber Internacional. ¡Necesita un médico! Crisanto y los suyos tendrán que luchar sin descanso para salvarle la vida. Más les vale.

Marcharán río abajo sorteando toda clase de desventuras sobrecogedoras, de calamidades, huyendo hacia adelante, ignorando quién es la criatura indefensa y por qué es tan importante. Buscan ayuda, pero todo se tuerce, las traiciones están justificadas en esa tierra sembrada con semillas que son balas, o minas antipersonas. Crisanto chocará con la guerrilla, las mafias y con el gobierno, el sistema de sanidad. Sinsabores varios, maltratos invisibles. El mundo entero espera que las FARC liberen al bebé más buscado del país, y está perdido. Emmanuel, ¿dónde estás? Crisanto ve cómo su mundo se derrumba, él solo quería vivir tranquilo, alejado de las ideologías políticas, sin saber nada de militares ni paramilitares, no quería ser un héroe…

Una película que no te aburrirá, te lo aseguro, logra mantenerte en vilo como a un mono tití, sin que te cruja el cuello en la butaca. Miguel Courtois demuestra una vez más que es capaz de sostener firme el pulso narrativo. Luis Tosar está espléndido, pero eso ya no es noticia, si hubiera nacido en Brooklyn tendría tres Óscars en su cuarto de baño. El director:

No olvidemos la situación en ese momento, cuando Colombia y Venezuela están a punto de declararse la guerra; los presidentes Chávez y Uribe intercambian insultos en medio de discursos grandilocuentes y… todo depende de lo que ha hecho o va a hacer un campesino al que nadie conoce. Más aún, al que nadie controla, y al que se cree único responsable de un niño convertido en el centro de las negociaciones entre Colombia, Venezuela y las FARC. Es una historia singular y, al mismo tiempo, universal; vivamos donde vivamos, creemos que nos dirigen personas que aparentan controlarlo todo, pero la verdad suele ser mucho más compleja.

Archivado en Colombia, Crítica, Donostia Zinemaldia, Festival de San Sebastián, Luis Tosar, Opinión
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