El emprendedor, ¿nace o se hace? Diferencias entre el emprendedor nato y el circunstancial

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El tema de la creación de empresas y los emprendedores se encuentra de plena actualidad, tanto en el sector tecnológico en general como en España en concreto, debido a nuestra elevada tasa de paro, que no tiene pinta de reducirse en breve. Muchos se preguntan si ser emprendedor se trata de algo innato a cada persona, o son sus experiencias vitales las que que van moldeando el carácter. Dicho de otra forma, el emprendedor, ¿nace o se hace? Vamos a ver que las dos opciones son posibles, pero de ninguna manera resultan equivalentes.

Así que analizaremos los dos tipos de emprendedores que existen (más un “falso emprendedor”) y diferenciaremos el vocacional o nato (el que “nace”) del circunstancial (el que “se hace”), que tienen mérito en ambos casos, pero son completamente diferentes en su forma de actuar y sus motivaciones. Empieza nuestro análisis:

”Mi sueño es abrir nuevas empresas”

Hay personas a las que realmente no les interesa crear una startup tecnológica, diseñar un producto innovador que rompa el mercado ni hacerse ricos. Les atraen los retos, les gusta gestionar equipos, les encanta levantar algo por ellos mismos. Este es el verdadero emprendedor nato o vocacional, el que ve en el emprendimiento un fin en sí mismo, no un medio para otra cosa. Un ejemplo muy claro es Elon Musk, del que hablamos cuando analizamos el transporte del futuro: a pesar de ser millonario y tener la vida resuelta, Musk no para aventurarse en nuevos campos y correr riesgos innecesarios en sectores muy diferentes.

Oficina

Un emprendedor nato probablemente se centre en el mundo de la tecnología a día de hoy, pero puede destacar en cualquier industria, desde abrir restaurantes de autor hasta trabajar en nuevas técnicas de cultivo más eficientes. No importa tanto a qué se dediquen, sino la pasión con la que lo hacen. De hecho, yo creo que para un emprendedor la característica más importante no es el talento, la perseverancia ni el dinero, sino el entusiasmo.

”Yo sólo quiero vivir de lo que me gusta”

Muchas personas acaban abriendo su propia empresa, pero no obtienen especial placer de ello. Lo que les motiva es la actividad de la compañía, no su gestión y expansión. Por ejemplo, un peluquero podría querer montar su propio establecimiento para disfrutar al máximo de su profesión, y sacar beneficio de ella. Un emprendedor circunstancial abriría su peluquería y trabajaría tranquilo en ella, quizá con el tiempo contratara a algunos empleados y, tras varios años, se animara a alquilar un segundo local.

Un emprendedor nato vería el negocio de otra forma: tras el éxito inicial, pronto empezaría a imaginar su propia franquicia de peluquerías, ofrecería otros servicios estéticos, crearía una marca de champús para aprovechar sinergias… A un emprendedor nato se le podría tachar de demasiado ambicioso, pero quizá lo que lo defina sea la inquietud. Cuando consigue su objetivo, necesita uno nuevo, cuando un negocio funciona, piensa en otro de los proyectos que tiene guardados en un cajón.

muchas horas de trabajo

La crisis y los emprendedores forzosos

Con las enormes cifras de paro actuales en España, tanto el Gobierno como otras instituciones animan a los ciudadanos al autoempleo, dado que las autoridades que no disponen de ninguna solución a la dramática situación económica. Se ofrece una visión idílica del emprendimiento, haciendo ver a los parados que van a ser sus propios jefes e incluso que puede que lleguen a levantar un imperio. Pero lo cierto es que cualquier aventura empresarial implica unos riegos elevados, y existen posibilidades de fracaso aunque lo hagamos todo bien, por causas externas a nosotros.

Sin embargo, la crisis está llevando a que muchas personas abran negocios por pura necesidad, sin tener realmente ningún interés. A veces les falta la formación necesaria, otras veces no tienen un carácter adecuado, en ocasiones les falla la financiación. Nadie debería emprender por “obligación”, y hacerlo de esta manera sólo puede traer cosas malas. Un emprendedor vocacional probablemente superará los fracasos porque la pasión que lo impulsa es más fuerte, uno circunstancial correrá el riesgo por el potencial beneficio.

Un emprendedor forzoso, sin más motivación que la necesidad, sin margen para el fallo y, muchas veces, con capacidades muy limitadas, no se trata de un verdadero emprendedor. Es un superviviente que intenta salir adelante, pero que no tiene verdadero interés real en crear una empresa. Y, en mi opinión, probablemente en pocos meses verá como su negocio se hunde a causa de su inexperiencia y precipitación.

Startup Failure

Así que hemos visto que hay distintos tipos de emprendedores. Algunos nacen y otros se hacen, pero yo creo que los primeros son los que realmente deberíamos tomar como modelo. Está claro que alrededor del mundo del emprendimiento hay demasiado postureo, muchas personas que sólo quieren aparentar y que son los empresarios más tradicionales que uno pueda imaginar. Pero también encontramos mucha gente inquieta a la que le gusta el riesgo y la recompensa de crear algo por ellos mismos.

No quiero decir que un tipo de emprendedor tenga más mérito que el otro, pero sí está claro que para algunas personas se trata de un estilo de vida. Figuras legendarias como Steve Jobs no abrieron sus compañías para llegar a final de mes, sino para disfrutar con su gestión y hacer del mundo un lugar un poquito mejor. Y eso, desde luego, es algo que me parece digno de destacar.

¿Qué opinas tú de este tema? ¿Crees que un emprendedor verdadero lo es por su pasión y ganas de trabajar, o piensas que son las circunstancias personales de cada uno las que le llevan a abrir una empresa?

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