Probamos a fondo Windows 8, la revolución del sistema operativo de Microsoft

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Hoy es el esperado día del lanzamiento oficial del nuevo sistema operativo de los chicos de Redmond, que ha cambiado completamente de aspecto y forma de control para enfrentarse al iPad y a los tablets Android. En Xombit te contamos sus principales novedades, así como sus puntos débiles y fuertes. ¡Echa una ojeada antes que nadie al software que traerá el próximo ordenador que compres!

¿Qué es Windows 8? Creo que decir que es el heredero directo de Windows 7 sería faltar a la verdad, porque presenta innumerables cambios que lo transforman en una propuesta distinta. Sólo podemos entender el nuevo sistema operativo de la multinacional que dirige Steve Ballmer teniendo en cuenta que el iPad y los tablets Android cada vez comen más terreno a los PC, y considerando que Microsoft debía adaptarse a este nuevo segmento si no quería seguir perdiendo relevancia en el mercado. Dicho esto, hay que aclarar que Wndows 8 no se limita a imitar el software de Apple y Google, sino que aporta muchas ideas propias, y es capaz de combinar con bastante competencia la herencia de las anteriores versiones con las incontables novedades que incluye.

Captura de pantalla de Windows 8

Primeras impresiones

Dado que he seguido de cerca el desarrollo desde el primer anuncio público, para mí el sistema resulta muy intuitivo, y lo primero que me llama la atención es una pantalla de inicio muy colorida y práctica, por completo distinta al escritorio convencional. Para un usuario común puede que la estética también resulte sorprendente, pero no es lo más importante. Y es que cualquier persona que pruebe Windows 8 se sentirá confundida por una interfaz radicalmente distinta a la habitual, y tardará un tiempo en acostumbrarse.

Captura de pantalla de los charms de Windows 8

Antes de iniciar sesión por primera vez, un breve tutorial nos resume el funcionamiento básico, pero pienso que será insuficiente para casi todos los usuarios. Resultará necesaria una explicación más detallada de otra persona (o un tutorial) para comprender la nueva forma de interactuar con Windows. Pasada la sorpresa inicial, no es demasiado complicado acostumbrarse a las novedades, y en unos meses todo el mundo las entenderá perfectamente al igual que actualmente cualquiera sabe manejar un PC. Tras unas horas de uso del nuevo software, el desconcierto se transforma en una mezcla de sorpresa por el atractivo estilo visual y la añoranza del paradigma clásico, que en algunas ocasiones echaremos mucho de menos. Sin embargo, creo que las primeras impresiones son más que positivas: las novedades nos dejarán deslumbrados, aunque con el tiempo veremos algunas limitaciones a este modelo.

Disponibiliad y precios

La versión Windows 8 Pro (la que será estándar entre los usuarios) está a la venta en infinidad de tiendas físicas y online desde hoy mismo. El precio de una copia física es de 59,90 euros, y una descargable 29,90 euros. La edición para procesadores ARM no se comercializa de manera independiente, sólo se integra en los dispositivos finales. Por supuesto, son muchos los PC disponibles a partir de hoy que incluyen el nuevo software y, en general, han sido especialmente diseñados pensando en él.

Requisitos técnicos

Los requisitos mínimos son muy bajos, demostrando la excelente optimización del sistema:

  • Procesador de 1 GHz o más.
  • 1 GB de RAM para la versión de 32 bits, y 2 GB para la versión de 64 bits.
  • 16 GB de espacio en disco (32 bits) o 20 GB (64 bits).
  • Tarjeta gráfica DirectX 9 con driver WDDM 1.0 o superior.

Sin embargo, las nuevas aplicaciones de estilo Windows 8 requieren una resolución mínima de 1024×768 (dejando atrás muchos netbooks) y 1366×768 para un uso completo. Si tenemos una pantalla táctil antigua, necesitará detectar al menos dos puntos de contacto para funcionar.

Interfaz

Sin duda, el aspecto con cambios más radicales. Al encender (el proceso de carga es ahora muy rápido) o desbloquear nuestro dispositivo nos encontramos una imagen a pantalla completa sobre la que se superponen unas discretas notificaciones. Una vez la arrastramos hacia arriba (con los dedos o el ratón) entraremos en la pantalla principal. A no ser que hayamos configurado una contraseña, y aquí surge una novedad: las contraseñas por imagen. Se trata de una foto de nuestra colección sobre la que dibujaremos una secuencia de líneas, círculos o puntos, y que nos permitirá iniciar sesión.

La pantalla principal es toda una sorpresa: no hay escritorio, barra de tareas ni menú Inicio, sólo una serie de rectángulos que sirven de acceso directo a las aplicaciones, que pueden ser las clásicas de Windows, o las nuevas basadas en el estilo visual antes conocido como Metro, heredado de Windows Phone 7. Estos nuevos programas ofrecen información en su icono sobre notificaciones u otros eventos de interés para el usuario, aunque se puede optar por una versión estática. Volver a esta pantalla de inicio se realiza desde la tecla Windows del teclado (o el equivalente que se ha añadido al marco de los nuevos tablets) y también se puede mover el ratón a la esquina inferior izquierda y pinchar.

Ejemplo de la multitarea en Windows 8

Si clicamos en la esquina superior izquierda accederemos a la última aplicación abierta, y arrastrado hacia abajo podremos escoger entre una lista de las recientes. En caso de un panel táctil, cambiar al último programa se hace deslizando desde el borde izquierdo, y si en este gesto volvemos atrás antes de finalizarlo vemos el listado completo. Las esquinas derechas (o el gesto de arrastrar desde ese borde) despliega los “charms“, unos iconos con funciones comunes del sistema: buscar (en cualquier parte del dispositivo), compartir entre aplicaciones y servicios, dispositivos (como una pantalla adicional) y configuración, que servirá para controlar el brillo, volumen, apagar el sistema… y configurar las opciones del equipo, lógicamente.

Aplicaciones estilo Windows 8

Ejemplo de aplicación de estilo Windows 8 Estos nuevos programas (de estilo “Metro” antes de que un problema legal obligara a un cambio de nombre) se ejecutan a pantalla completa, sin marco ni botones para minimizar o maximizar, de forma que nada distraiga nuestra atención del contenido. Su estilo es simple, con pocos elementos en pantalla (y con un tamaño apropiado para un control táctil), además siempre usan líneas rectas y colores planos con fuertes contrastes. Pulsando el botón derecho del ratón (o deslizando desde los bordes inferior o superior) se muestran las opciones del programa, y en el charm de configuración podemos modificar los permisos de los que hace uso y otros parámetros menos frecuentes. Estas aplicaciones únicamente se pueden obtener de la nueva Windows Store, siendo imposible descargarlas por otros medios, al menos hasta que los hackers logren saltarse las restricciones de Microsoft.

Aplicaciones clásicas

La posibilidad de ejecutar programas tradicionales sigue existiendo, siempre que dispongamos de un procesador X86 y no de un nuevo tablet con arquitectura ARM. Entre los iconos de la pantalla principal hay uno que lleva a un escritorio bastante similar al clásico (pero sin menú de Inicio) en el que se muestra una barra de tareas en la que se pueden anclar accesos directos. Todo software convencional genera también un recuadro en la nueva pantalla inicial, si bien este no se actualizará con información de interés. Una crítica muy habitual es la imposibilidad de cargar directamente el escritorio, siempre hemos de pasar por la nueva pantalla de Inicio.

Ejemplo del escritorio clásico en Windows 8

Resulta innegable que existe una división clara y bastante chocante entre la parte “innovadora” y la “conservadora” de Windows 8, pero lo cierto es que resultaba difícil combinar de manera coherente dos planteamientos tan diferentes. Tras semanas usando ambos sistemas, he de decir que se complementan de manera natural y que, sin las aplicaciones clásicas, Windows 8 sería inadecuado para muchos usuarios. Esto es debido a que, por ahora, el catálogo de la Windows Store es reducido, y de todas formas parece muy difícil que programas profesionales como Word, Photoshop o AutoCAD se puedan adaptar al nuevo estilo visual. Hay que señalar que, cuando usemos software tradicional, el ratón (o trackpad) y el teclado se vuelven necesarios, porque sigue siendo difícil de controlar con los dedos.

Software integrado

Junto a Windows 8 vienen una serie de programas, algunos interesantes y otros bastantes predecibles. Entre estos últimos están los dedicados al tiempo, viajes, economía, noticias y deportes. También aparece una aplicación de cámara que cumple su cometido, otra de mapas aparentemente correcta y un reproductor de música discreto, que parece más interesado en vendernos contenido que en hacer sus funciones. Se incluye una sección de juegos, que nos conecta con nuestra cuenta de Xbox Live y nos sugiere títulos para nuestra máquina.

Una ventaja de Windows 8 es que centraliza distintos proveedores para ofrecernos un servicio más completo. Aparte de nuestra cuenta Microsoft, podremos vincular la de Google, Facebook, LinkedIn y Twitter. De esta forma disfrutaremos de una aplicación de redes sociales interesante (aunque muy limitada) o un sistema de mensajería multiplataforma efectivo pero demasiado sencillo. También se ofrece un cliente de correo bastante correcto, por desgracia sin la posibilidad de agrupar los mensajes en conversaciones.

Captura de pantalla de Internet Explorer 10

Mención aparte merecen las dos ediciones de Internet Explorer 10 que trae el sistema. Por un lado, una versión con el nuevo estilo visual, más sencilla y limitada. Navegar a pantalla completa resulta muy inmersivo, pero no poder cambiar de pestaña inmediatamente limitará mucho nuestra productividad. Cuando esto ocurra, podremos mandar la página actual al escritorio clásico y seguir navegando con esa versión de Internet Explorer, en general bastante aceptable, aunque lejos de “grandes” como Mozilla Firefox o Google Chrome.

Otras funciones

Ejemplo de la función Snap en Windows 8

No podemos olvidar que Windows 8 dispone del servicio SkyDrive para sincronizar nuestros archivos en la nube, y puede obtener fotos de otras fuentes como Flickr o Facebook. Además, nuestra cuenta Microsoft nos permite mantener la misma configuración entre los distintos equipos que tengamos. Tampoco debemos dejar de mencionar otros detalles de la interfaz, como los recuadros de notificaciones que las aplicaciones nos colocan en la esquina superior derecha cuando hay un evento importante, por ejemplo, un mensaje nuevo en una conversación de mensajería instantánea. Y es también útil la función Snap, que nos facilita situar una aplicación ocupando un pequeño margen de la pantalla, de forma que podamos realizar dos tareas a la vez incluso en un tablet, y que hasta nos da la opción de usar el escritorio tradicional y acoplar a un lado una aplicación del nuevo estilo.

Conclusiones

85

Windows 8 resulta un producto difícil de valorar: cada usuario lo encontrará más o menos interesante según sus necesidades. Es perfecto para tablets o portátiles pequeños con pantalla táctil, pero poco adecuado para sobremesas por su claro enfoque a ser controlado con los dedos. Opino que resulta visualmente muy atractivo y acaba por hacerse intuitivo, pero desde el punto de vista de la productividad da un paso atrás respecto a Windows 7 porque la nueva interfaz es más lenta. Lo que sí debemos apreciar es la valentía de Microsoft al crear un software tan innovador, y no podemos negar que muchas de las ideas de su nuevo sistema son realmente interesante y prácticas. Con seguridad todos tendremos la posibilidad de probar Windows 8 en multitud de lugares a lo largo de los próximos meses, por lo que mi recomendación antes de dar el salto a esta nueva plataforma es conocerla en profundidad. A pesar de todo, personalmente creo que vale la pena dar una oportunidad a Windows 8, un sistema operativo que reconozco que tiene fallos, pero que me ha enamorado por el soplo de aire fresco que ha traído al mundo de los PC.

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Archivado en Análisis, Microsoft, Windows, Windows 8
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