Mundos paralelos | “Historia del ojo”, los platos están hechos para sentarse

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Gorka ha preparado ya el banquete. Su texto es de alta cocina, por lo que espero no ser un comensal impropio en esta fiesta de las letras y la sexualidad. Bataille es un maestro que sabe administrar bien la dosis en su relato. La brevedad es necesaria en un tema en el que la dilación no necesariamente está en relación directa con la intensidad. Trece breves capítulos pueden ser más que suficientes.

Sección de literatura en Xombit

Un punto de partida que es ya algo más que un lugar común: el erotismo implica ir más allá de la mera satisfacción de una necesidad. Es el ejercicio de la sexualidad separándose de su finalidad reproductiva. Finalidad sin fin, kantiana definición de lo estético que nos ayuda a sacar una interesante conclusión: el erotismo es un arte en el que el orgasmo es la nota más alta de una sinfonía sin fin. En el erotismo no hay una búsqueda reproductiva, sino psicológica. Georges Bataille comienza así su acercamiento teórico a un tema complejo y muchas veces incómodo.

Obra de Bernini en Roma.Lo sé Gorka, lo sé. Pero esta vez es el mismo autor el que da un paso hacia la filosofía. Historia del ojo es un ejercicio práctico de aquello que inquieta el espíritu del autor. Escritura automática, apagón a la conciencia para liberar las palabras que provienen de esa amplia llanura del inconsciente. Pero hay una reflexión que se produce a la par y hace sumamente interesante y completo el ejercicio. Dice Bataille que “la sinrazón de la filosofía es su alejamiento de la vida”. Y el erotismo, ya lo hemos dicho hace una semana, es “la aprobación de la vida hasta en la muerte”. Así que su obra nos devuelve la vida que de la que reniega la reflexión filosófica –al menos cierta corriente, para ser más justos.

Este primer acercamiento genera pasmo, sorpresa, asco ocasional y algo de vértigo. No se puede olvidar nunca la vinculación entre muerte y erotismo tan importante para el autor. Lo suyo es una invitación a dar un vistazo al abismo, a la profunda soledad en la que vivimos a pesar del desenfreno total de las pasiones. A pesar del encuentro repetido y obstinado con otro éste nunca deja de ser precisamente eso: otro. Una garganta sin fondo amenaza con tragarnos enteros al volverse evidente la ilusión de unión. Por eso hay que sacudirse el embelesamiento empalagoso de las historias burguesas inscritas dentro de la moral en turno. ¡Basta de mentiras! ¡He aquí la carne que busca satisfacer algo más allá que la propagación de la especie!

Lindas pero algunas veces tétricasEn el erotismo hay fugacidad, pérdida, confusión por un instante. Me pierdo, nos perdemos, el yo, fundamento de la Modernidad, se ve diluido por un instante generando un sismo inaceptable para la racionalidad reinante. Por eso el escándalo que puede generar la lectura de Historia del ojo: nos hace ver la crudeza de un acto que estamos acostumbramos a vestir como una muñeca de porcelana. Experimentamos un terror completo sabiendo la delicadeza del material tan bruscamente tratado. Los personajes van haciendo caer uno a uno los muros de la decencia. No es casualidad la afinidad sonora de esta palabra con demencia, pues se trata de un caso en que la cercanía fonética se traslada peligrosamente a la realidad. El peligro genera estímulos constantes que hacen estallar las pasiones humanas lanzando una tras otra los más secretos e ígneos deseos.

Fui educado solo y, hasta donde recuerdo, siempre me apasionaron las cosas sexuales.

Es una sinceridad pasmosa la que abre los relatos. Con 16 años hay ya un “siempre” que nos lleva a acusar una precocidad alarmante. Sí, las alarmas moralinas llevarían a ver a nuestro personaje con los ojos paternalistas que miran al niño ávido de experimentar sin saber las “buenas maneras” del juego. Pero pronto el surrealismo de Bataille se apodera del texto arrebatando los objetos de su lugar común. Y así, sin mayor preparación, sin el juego romántico del que nos hablan constantemente, nos pone ante la “carne rosa y negra” de Simone o Simona. La situación está enmarcada por una frase más que reveladora:

En el pasillo había un plato de leche destinado al gato.

No, el gato no beberá su leche. Simone determina que los platos están hechos para sentarse y posa sus nalgas desnudas sobre él. Sí, la leche escurre por sus piernas mientras que él la mira sin poder esconder la excitación: maldición masculina que le condena a la evidencia. El vínculo está hecho. El orden de las cosas ha sido trastocado y, así como el plato de leche se ha visto liberado de su utilidad, la libertad será el eje rector de las relaciones con Simone. La única regla: ella tiene que ser el ojo de toda masturbación. El onanismo acompañado, una paradoja que, de nuevo, resalta la soledad en la que estamos a pesar de la compañía.

Cuadro del pintor irlandés

Ya Gorka se ha encargado de hacer un excelente resumen del contenido de estos capítulos. Sabemos que Marcelle o Marcela es la encarnación de otro elemento fundamental: la locura. Su salida del armario no es lo que normalmente entenderíamos. Se trata de un abandono de la cordura que se manifiesta por la incontinencia. La razón se manifiesta a través de la presencia de límites. Donde no hay fronteras, donde todo es apertura, la razón no encuentra asideros o, dicho de otra manera, no tiene nada que hacer ni que decir. Pero esta dimensión de lo abierto se asemeja y toca con otra: la muerte. El desenfreno, no obstante, tiene sus consecuencias.

El erotismo es lo que en la conciencia del hombre pone en cuestión al ser. Georges Bataille, El erotismo

Nos vamos acercando, entonces, al momento en que el libre ejercicio de lo erótico tendrá un resultado. Se presiente ya en un cierto cansancio de los protagonistas que cada vez más recurren a la imaginación como infalible recurso. Poco a poco toda la carga erótica se va condensando en la palabra huevo. Pero sobre esto hablaremos la próxima semana. El suspenso es un ingrediente básico del erotismo

Archivado en Erotismo, Georges Bataille, Libros, Literatura, Mundos paralelos, Surrealismo
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